Pedro Valdez Navarro

El cuento: Trucas

Trucas, Un duende pintor

Había una vez un duende muy travieso llamado Trucas, a este duende le gustaba mucho pintar. Tanto que en los lugares donde pintaba terminaban hechos un desastre por su culpa. Suelos, paredes, cuartos completos, nada se salvaba de manchas de pintura por todos lados.

Un día mientras estaba en una de sus habituales y pintorescas travesuras, dejo el lugar donde estaba completamente desordenado y cubierto de pintura, un verdadero desastre sin igual. Su amigo el duende gigante lo vio y la catástrofe que había hecho, así que fue tras trucas para atraparlo y detenerlo.

Cuando logro atrapar al escurridizo duendecillo verde tomo una tina con agua y lo metió ahí para lavarlo y quitarle toda la suciedad y la pintura de su cuerpo. Cuando el duende gigante lo sacó de la tina, trucas estaba todo mojado y destilaba pintura diluida y rabia por los poros.

–No lo vuelvas a hacer –le dijo su amigo el gigantes a trucas mientras este le señalaba con su dedo–, no deberías de hacer estas cosas, esta mal pintar en todos lados, los demás van a molestarse contigo.

Trucas ignorando la advertencia de su amigo se va molesto y refunfuñante a otro lugar pues el deseaba con todas sus fuerzas poder seguir pintando. Así pues, en su camino se puso a mirar a sus alrededores algo que le sirviera para pintar y cumplir su propósito del día.

De pronto en el camino, y un poco alejado de él, vio un enorme lápiz tirado en medio de la nada. Sus ojos se abrieron de par en par y Trucas se abrió paso hasta el. Corrió con todas sus fuerzas, como si su vida dependiera de ese lápiz, y al alcanzarlo lo rodeo con sus brazos apretándolo tan fuerte como su pequeño y escuálido cuerpo le permitía.

El verde duende estaba tan contento que no se dio cuenta de algo muy importante, ese enorme lápiz, no era en realidad un lápiz sino la cola de un enorme dragón que al percatarse de que alguien le había tomado la cola, se puso muy molesto y no dudo en ponerse en guardia para atacar a quien se atrevió a tal osadía.

El gran dragón movió su cola y vio al pequeño trucas quien la abrazaba con entusiasmo la punta de su cola.

Trucas ni se enteraba de lo que estaba pasando hasta que en un momento de lucidez vio de reojo al furioso dragón y se dio cuenta de la situación en la que se encontraba, soltó la cola del dragón y con la misma fuerza con la que corrió hacia la cola del dragón ahora se encontraba huyendo de este. La persecución se libro por un largo rato en el cual el dragón escupía fuego de  su enorme hocico y trucas evadía las mortales llamaradas con gran pericia.

Tras un buen rato el duendecillo verde logro perder al persistente dragón, saliendo bien librado de ese encuentro y sin rasguño alguno, pues las llamas no habían logrado quemarlo o lastimarlo físicamente. Lo único que le paso es que quedo cubierto de tizne,

Trucas quien se había recargado en un muro blanco que le sirvió de escondite, se dio cuenta de que aquel tizne le serviría para pintar. Pues lo blanco del muro y lo negro del tizne contrastaban muy bien. Así pues, trucas cumplió su propósito de pintar otra vez, esta vez dejando sus manos y su cara por todo el muro.

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